Desde siempre se ha dicho que nuestra tierra era tierra de almendros pero no de almendras, “del dicho al hecho hay un trecho”, pues ahora es tierra de almendras y no solo por las nuevas variedades; el calentamiento global, la templanza de las temperaturas a consecuencia del cambio climático parece acariciar los almendrales de las zonas del interior, los que desde hace más de diez años se vienen escapando de aquellas heladas generales a las que ya estábamos acostumbrados. Pero este cambio climático no viene solo, nos ha traído algunos «regalitos», como diversos tipos de hongos, el gusano cabezudo y la proliferación de otras pocas plagas y enfermedades, como es el caso de la antracnosis en el fruto, cosas más o menos graves pero en su conjunto tratables y relativamente llevaderas.

Lo que no es tan llevadero es ver almendros secarse por falta de agua, ahí pasamos de la templanza y las caricias al primer «guantazo». Dicen los mayores que los años se parecen en lo largos, pero la verdad es que por aquí también empiezan a parecerse en lo secos.Lo cierto es que este año no se parece a ninguno que recordemos, nunca se había visto en Los Vélez un invierno sin frío, un otoño con flores, ni los almendros florecer aún con las hojas del año anterior, por lo que no hay precedentes de la reacción de los árboles cuando no han seguido su ciclo biológico, estacionándose totalmente en la necesaria parada invernal.

El que no haya hecho frío, no quiere decir que el frío esté por venir, ni que se vaya a helar la almendra, el que los árboles hayan sufrido un ciclo acelerado, no quiere decir que este año no tengamos cosecha, probablemente han asimilado gran cantidad de reservas al permanecer más tiempo con hoja y tengan una gran cosecha…. Lo cierto y verdadero es que estamos asistiendo a fenómenos nuevos, a nuevas condiciones y que van a ocurrir cosas distintas. Lo que sí está claro es que el factor limitante es el agua y si el fenómeno de la lluvia no se produce tendremos que empezar a decir que esto es tierra de almendras pero no de almendros.

Y ¿qué podemos hacer para intentar evitar la crisis más grande de todas las crisis, la de la erosión, la desertización y la pérdida de biodiversidad?… en nuestras manos está practicar una agricultura respetuosa y regenerativa a nivel de suelo y paisaje.

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