Indudablemente la poda tiene unos resultados relevantes en el almendro, influyendo en la salud y en el vigor de la planta, regulando la producción y evitando vecerías. Un regadío, un riego deficitario controlado o incluso un secano extra, en una zona con una pluviometría en torno a los 700 litros m2/año, son situaciones que nos permiten aplicar desde una poda mínima, media o incluso no poda, pero cuando hablamos de un “secano rabioso”, de condiciones extremas de suelo y clima y muy limitantes en pluviometría, la poda juega un papel fundamental puesto que influye directamente en el rendimiento y determina desde la calidad del fruto hasta la sanidad y buen estado vegetativo de nuestros árboles.

En todos los secanos, además de una poda de formación adecuada, es necesario practicar una poda de fructificación severa, que, dependiendo de la variedad y el año, requerirá más o menos intensidad, pero en cualquier caso la masa foliar tiene que verse reducida de forma que exista en todo momento un equilibrio favorable con el sistema radicular (siempre más raíz que masa foliar, “más motor que carga”). Si las condiciones del año son buenas tendremos chupones, pero mejor chupones que no tener nada ya que este sería el primer síntoma de un declive prematuro y un deterioro progresivo del almendro que empezará por una pésima calidad de fruto en rendimiento, calibre, etc. y terminará por el deterioro de los vasos circulantes de la sabia, entrando los árboles en un proceso de estrés que se reflejará en el amarilleo de hojas, una desfoliación precoz, barrenillo, gomosis, seca de ramas y árboles muertos en las zonas con menos suelo o más competencia.

Es verdad que la fertilización es muy importante y necesaria para evitar estas situaciones pero no la podemos controlar 100% puesto que su asimilación depende proporcionalmente y está condicionada directamente al régimen de lluvias.

Por lo tanto, y sin excluir todas las demás prácticas, son el laboreo y la poda las dos herramientas principales que nos quedan en las zonas áridas con condiciones edafoclimáticas extremas y limitantes para poder garantizar y regular el vigor, la sanidad vegetal y obtener producciones de una calidad comercial óptima y admisible.